Las comarcas de editores

Las comarcas de editores

Todavía recuerdo la primera vez que tuve la oportunidad de ir a una publishers fellowship. Fue mientras trabajaba en Ediciones Castillo. Estaba en la FIL Guadalajara, en el Salón de Derechos, junto con la gerente de literatura infantil y juvenil, Mariana Mendía. Terminábamos una reunión con Elise Vanoosthuyse, del Flanders Literature, para ver algunos títulos que nos recomendaban para el catálogo.

Antes de despedirnos, Elise le dijo a Mariana que le encantaría que fuera parte de la fellowship que se celebraría en febrero de 2016. Mariana respondió de inmediato que no podría asistir por un evento en la editorial, pero preguntó si yo podía ir en su lugar. Elise dijo que sí, sin problema.

Y así comenzó mi camino para formar parte de una pequeña comarca de editores.

Hasta ese momento, yo solo había escuchado la palabra fellowship en The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring. Así que, después de investigar un poco por mi cuenta, me preparé, sin tener muy claro qué iba a encontrar.

Las fellowship son, en esencia, encuentros de editores que viajan a otro país para conocer de cerca su mundo editorial. Durante algunos días recorres la ciudad sede, visitas librerías, editoriales, espacios culturales, y te reúnes con agentes, autores e ilustradores. También sucede algo más: como los invitados vienen de distintos países, terminas conociendo otras formas de trabajar, de editar y de pensar los libros.

He tenido la fortuna de asistir a tres, cada una por caminos distintos. La de Flanders, donde la invitación llega a la editorial; la de Quebec, a la que puedes postularte; y, más recientemente, la de Pro Helvetia en Suiza, a la que fui invitada directamente.

En general, la estructura se repite: hay presentaciones de editoriales locales, recorridos por librerías, encuentros con autores e ilustradores. Pero lo que realmente distingue a cada encuentro es su personalidad.

En Flanders, por ejemplo, un día nos separaron a todos y cada editor pasó tiempo con un autor o ilustrador, quien nos llevó a su lugar favorito de Amberes. Ahí, más que conocer su obra, podías entender algo de su mirada.

En Quebec, el programa sucede en el marco del Salon du Livre, así que un día visitamos esta feria y pudimos observar cómo se mueven los lectores, qué hojean, qué compran.

Y la de Suiza fue, en muchos sentidos, la más cercana a ese imaginario que tenía desde el inicio: en pocos días recorrimos varias ciudades —Ginebra, Berna y Zúrich— pasando de un encuentro a otro, casi como una pequeña comunidad en movimiento.

Para mí, ser parte de una fellowship de editores ha sido como ser parte de un sueño. Y al regresar, la sensación es como cuando uno tiene esos sueños vívidos que, al despertar, no sabes si realmente pasaron o fueron sólo eso: sueños. Muchas veces me ha pasado que, al darme cuenta de que no fueron reales, me quedo reflexionando. Y eso es justo lo que me ocurre al regresar, además de un inevitable: ¿y ahora qué?

Cuando estaba a punto de terminar de leer El señor de los anillos: El retorno del rey, pensé: ¿y ahora que las aguas volvieron a su cauce, qué van a hacer todos ellos? ¿Qué será de la vida sin tantas emociones, sin tantas aventuras? Recuerdo cuando Frodo decide irse a las Tierras Imperecederas porque no logra adaptarse a su ritmo anterior después de todo lo que vivió para destruir el Anillo.

Cada vez que he regresado de una fellowship o de un viaje de trabajo en el mundo editorial, confieso que me ha costado trabajo adaptarme de nuevo. Mucho pasa por mi cabeza. Fueron días de mucha información y de un sinfín de imágenes, tanto de libros como de paisajes nuevos.

Y entonces aparece esa sensación extraña: la de haber vivido algo que todavía no termino de procesar. Como si todo siguiera en movimiento, pero yo ya estuviera de vuelta. Tal vez por eso escribo o platico con alguien sobre mi viaje: divago. Para ordenar, para entender, para no dejar que esas experiencias se queden sólo como un recuerdo difuso.

Porque si algo he descubierto en estos regresos es que ahí, en ese “¿y ahora qué?”, es donde empieza otra cosa: el intento de darle sentido a lo vivido, de conectarlo con una historia más grande. Y quizá, sin darme cuenta, es desde ese lugar desde donde comienzo a reconstruir —poco a poco— mi lugar en el mundo editorial que habito.

P. D. editorial:
Agradezco a quienes, en su momento, me invitaron a formar parte de estas fellowships:
Elise Vanoosthuyse y Lien Devos, de Flanders Literature.
Amélie Charbonneau y Audrey Perreault, de la Association nationale des éditeurs de livres du Québec.
Adrian Flückiger y Eva Roth, de Pro Helvetia.

Las instituciones:
– Flanders Literature: https://www.flandersliterature.be/
– Association nationale des éditeurs de livres du Québec: https://www.anel.qc.ca/
– Pro Helvetia: https://prohelvetia.ch/fr/

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