Una editora en escaparate

Una editora en escaparate

Me gusta platicar. Me gusta debatir. Me gusta reflexionar. Me gusta llegar hasta las profundidades del tema —por lo menos hasta donde pueda— y luego salir y decir: ¿por qué salió este tema?

La realidad es que estudié Literatura Inglesa porque, cuando me tocó escoger carrera, se me daba el inglés y me gustaba el britpop. Además, no fue hasta el último año de la preparatoria que en verdad me gustó leer; y bueno, todo se dio de una manera muy fortuita, y pues eso estudié. Afortunadamente, nadie me preguntó a qué me iba a dedicar una vez que terminara la carrera —ni yo misma lo pensé.

Después de presentar dos veces el examen para entrar en la UNAM, por fin fui aceptada. Fui una estudiante que toda la vida estuvo intimidada por sus compañeros, pues al parecer ya habían leído toda la biblioteca mientras yo apenas me estaba familiarizando con la lectura como parte de mi vida. Sin embargo, logré adaptarme y dejar mis telarañas en un cajón para poder creerme digna de ser estudiante de literatura, aunque no tenía un gran currículum como lectora. Fue hasta entonces que comencé a disfrutarla.

Todas las materias llevaban por nombre Historia Literaria. Empezábamos desde la época más actual —en ese entonces, el siglo XX— hasta llegar a la época medieval. Me gustaba leer, pero lo que más disfrutaba era encontrar en la lectura la Historia. Así es, con H mayúscula.

Antes de la universidad, al leer me enfocaba sólo en la historia y en los personajes, y no fue hasta la carrera que descubrí que en ellas se podía ver lo que pasaba en la vida real mientras se escribieron. En las clases, lo que más disfrutaba era esa parte: una vez analizada la trama, los personajes, etc., nos deteníamos a reflexionar en la época en la que se escribió, en los eventos sociales, políticos y culturales que quedaban reflejados en los textos literarios.

Y entonces sucedió: sin darme cuenta me empecé a interesar en la Historia. Mi materia favorita fue la de la época medieval. Me enamoré de la manera en que se contaba la Historia de esa época con personajes tan irreales, pero que por momentos en verdad creías que habían existido. Encontrar la forma de vida de esa época en medio de historias tan fantásticas se convirtió en mi pasatiempo favorito. Sir Gawain and the Green Knight y The Dream of the Rood — con su majestuosidad narrative— se volvieron de mis historias favoritas.

En el último año de la universidad nos dijeron que teníamos que empezar a decidir nuestro tema de tesina. Gracias a un profesor que tuve de inglés descubrí Harry Potter, el cual leí y me gustó mucho. Pude ver reflejados eventos sociales, políticos y culturales, y sobre todo las referencias a la literatura medieval, así que me causó mucha curiosidad cómo una novela moderna para niños lograba esto.

Además, sucedieron dos cosas. La primera, una vez en el metro, en una época donde todavía no había celulares, iba en un vagón y varias personas iban leyendo el mismo libro: Harry Potter y la piedra filosofal. La segunda, había leído un artículo donde se comentaba que gracias a Harry Potter la literatura infantil estaba teniendo un nuevo auge, y que no era coincidencia que hubiera sido a partir de un libro escrito en Inglaterra, por toda su cultura literaria.

Cuando le presenté mi tema a mi asesora, me dijo que no, que no era un tema digno de un análisis académico, pero me sugirió investigar sobre la historia de la literatura infantil en Inglaterra. Después de varias asesorías llegué a mi tema final: The Water-Babies, ejemplo de la literatura infantil de la época victoriana.

Al realizar la investigación me encontré con que fue en la época victoriana cuando esta literatura tuvo su época de oro y que el parteaguas fue The Water-Babies, de Charles Kingsley. Yo me sabía bien la historia de la monarquía inglesa y me fascinaba que, a partir de la reina Isabel, hubo un giro en quienes gobernaban; esto tuvo mucho impacto en la política, cultura y sociedad en general. Pero no tenía idea de quién era Charles Kingsley, nunca lo había escuchado, y eso me atrajo muchísimo, era como descubrir la identidad de un personaje anónimo.

A partir de mi investigación me quedé cautivada por la literatura infantil, pues había mucha historia reflejada en los libros clásicos y en toda la carrera no habíamos visto nada sobre ella; si acaso Alicia en el país de las maravillas, y ni siquiera como literatura infantil.

Desde 2003 me he dedicado no sólo a investigar sobre la literatura infantil por mi cuenta, sino que poco a poco me di cuenta de que yo era parte de una historia que se estaba escribiendo.

En 2007 tuve la oportunidad de volverme parte del mundo de la llamada LIJ cuando entré como parte del equipo organizador de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, la FILIJ. Cuatro años después coordiné por primera vez un libro, Las ventanas más pequeñas del mundo, del ilustrador español Javier Zabala y comencé a descubrir la arquitectura de un libro y me fascinó. Y en 2015 tuve la oportunidad, por primera vez, de ser llamada editora —título que todavía me cuesta aceptar, pues le tengo demasiado respeto.

Durante todos estos años he tenido la oportunidad de ser parte del mundo de la literatura infantil desde diferentes lugares: como gestora, agente, curadora, editora… Y he visto cómo este mundo ha evolucionado, ha cambiado, se ha adaptado, ha tenido sus altas y sus bajas, ha luchado contra los avances tecnológicos y, en otras ocasiones, los ha hecho su amigo. En todos estos años se ha hecho historia.

Desde hace dos años he querido dar inicio a este blog, pero me apabulló la presión de que un blog es obsoleto. Además, tengo un gran defecto: divago, divago mucho; una palabra puede llevarme a otro mundo, mientras mis ojos siguen viviendo en este. Sin embargo, mi única intención es tener un lugar donde escribir mis experiencias en cada uno de estos espacios en los que he estado y compartirlas. Creo que, en parte, es porque cuando estaba en la carrera tenía muchas preguntas sobre el mundo del libro y, aunque nunca pensé a qué me iba a dedicar, me hubiera encantado saber sobre algunas curiosidades de la edición y conocer las trasbambalinas del mundo del libro.

Por otro lado, me gusta mucho la Historia y quisiera hacer un intento de reconstruirla desde mis andares.

Hay libros sobre la literatura infantil en México, como Historia y muestra de la literatura infantil mexicana, de Mario Rey, o Panorama de la literatura infantil en México, de Juana Inés Dehesa; y otro que, aunque no se enfoca sólo en México, es un referente, Historia portátil de la literatura infantil y juvenil, de Ana Garralón.

Pero yo tengo esta idea de reconstruir la Historia desde una escritura viviente; es decir, no esperar a tener toda la investigación para escribirla, sino irla escribiendo: una editora en escaparate. Y, en medio de esta reconstrucción, compartir experiencias de los diferentes lugares en los que he estado.

Sé que no es algo que lograré sola y que, de hecho, no quiero hacer sola. Sé que me tendré que apoyar en los mismos personajes de esta Historia de la literatura infantil.

¿Lo lograré? ¿Hasta dónde llegaré? No lo sé.

Será una especie de diario, pero como sé que no podré escribir todos los días, prefiero pensarlo como un cuandoesquiario en torno al mundo de la literatura infantil, escrito por una editora; a veces gestora, otras profesora… depende del día y la hora.

Mi mayor defecto será mi motor y mi brújula: divagar.

Así que, si una idea me lleva a una feria, de ahí a un libro, luego a una autora y después a una memoria personal, supongo que ése será el camino natural de este blog. Porque la historia no sólo vive en los libros ya escritos, sino también en todo lo que todavía seguimos viviendo dentro de ella.

Un comentario en «Una editora en escaparate»

  1. Me ha encantado leerte, celebro que te haya animado a hacerlo. Yo también me inicie como lector en la prepa, y fue hasta al diplomado LIJ con la Dra. Laura y con las experiencias de ustedes que me enamoré de este maravilloso mundo de la literatura infantil y juvenil. Gracias por esta primer entrada 🤓

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